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ANIVERSARIOS

Una leyenda llamada Luca

Hace 20 años moría Luca Prodan, líder de Sumo, la banda que encaró los años 80 a contramano de los códigos que imperaban entonces en el rock argentino. En este homenaje, su paralelo con Witold Gombrowicz, otro extranjero que vivió en el país y se metió con lo intocable, un repaso por lo esencial de su música y las novedades (cine, libros y cds) que mantienen vivo el mito.

Por: Eduardo Berti

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A veinte años de su muerte, Luca Prodan sigue siendo el personaje más heteróclito que ha dado el rock argentino. Su banda, Sumo, iba a alegre contramano de los códigos que imperaban en 1981: Prodan cantaba en inglés y era totalmente pelado; el grupo no ponía en el centro a un guitarrista virtuoso; una mujer, para colmo extranjera, tocaba la batería.

Nacido en Italia, educado en un colegio de Escocia al que asistían los príncipes Carlos y Andrés, Prodan fue heredero de una tradición que hasta entonces casi nadie había sabido interpretar acá: la del rock decadente que Lou Reed acuñara a fines de los 60 contra los sueños californianos de "paz y amor". Los músicos que entusiasmaban a Prodan lejos estaban de ser populares en Buenos Aires (Jim Morrison, Todd Rundgren, John Martín o Joy Division, cuyo nombre se reconoce en el título del primer disco de Sumo: Divididos por la felicidad), lo mismo que la música reggae que Prodan introdujo en la Argentina.

Para darle la espalda al rock local, a Sumo le era muy propicia la actitud cosmopolita de Prodan, fruto de toda una mezcla de culturas: madre escocesa, padre nacido en Turquía de ascendencia italiana y experto en arte chino.

En un "rock periférico", la presencia de un tipo que aseguraba haber conocido a miembros de Sex Pistols o The Police era, por lo menos, fabulosa. Outsiders y temerarios.

Desde su doble estatus de "no periférico" y de outsider, Luca pudo y supo hacer cosas próximas a la herejía, bienvenidas en una cultura que, como la del rock, necesita reinventarse periódicamente.

En su libro Un ciego guiando a los ciegos (1991), Carlos Polimeni cuenta una anécdota ilustrativa: Sumo está tocando en un festival, en 1982, y el público de Riff empieza a corear el nombre de "Pappo" Napolitano; sin inmutarse, Luca toma el micrófono y lanza: "¿Quién es Pappo?"

Yo le juego una carrera tomando vodka hasta Rosario A ver quién gana". Por su calidad de outsider temerario, Luca fue al estatus quo (incluso el maldito) del rock local algo así como lo que el polaco Witold Gombrowicz fue al estatus quo literario argentino de los cuarenta y cincuenta. La imagen de Gombrowicz ignorando a la revista Sur, tildando la obra de Borges de "compleja, estéril, aburrida y poco original" o a los borgianos de "batallón de estetas" se corresponde con la de Luca, espetándole a un muy joven Fito Páez: "Ah, yo pensaba que vos eras el hijo de Charly García y Nito Mestre", afirmando de una canción como El anillo del capitán Beto (Spinetta con Invisible Invisible) que "eso no es rock" o mascullando "en Argentina el rock no existe, son unos tarados". Ambos, el "tano" y el "polaco", fueron dos extranjeros que se metieron con lo intocable.

Y, por supuesto, para completar el mito fue necesaria una mutua incomprensión. "No nos gustó, lo descubrimos más tarde", diría Silvina Ocampo de Gombrowicz. "Al principio no lo pesqué", diría García, ya en los noventa, de Prodan.

La llegada de Luca tuvo mucho de azaroso (como también la de Gombrowicz, pasajero de un trasatlántico en viaje inaugural cuyo arribo a Buenos Aires coincidió con el estallido de la Segunda Guerra Mundial). Tras siete años en Gran Bretaña, Prodan empezó a tomar heroína y sufrió un coma hepático. Intentó volver a Italia, pero era desertor del servicio militar, así que terminó en la cárcel. Ya en libertad, se reencontró con un amigo argentino que había sido su compañero de colegio en Escocia: Timmy Mac Kern, futuro manager de Sumo.

La madre de Timmy vivía en Hurlingham; Timmy vivía en Córdoba. "Vi una foto de Timmy con su esposa, las nenas, y la perra parada en dos patas, y me dije: '¡Basta, ya no puedo seguir así!' Entonces le escribí a Timmy preguntándole si podía venir a la Argentina", contó Prodan en 1985.


Simpática extrañeza

Córdoba y Hurlingham fueron no sólo centros de desintoxicación (en la Argentina de esos tiempos no había heroína), sino también los lugares donde cobró cuerpo el proyecto de Sumo. Tras vivir allí y tras pasar un tiempo en El Palomar, Prodan se estableció en Buenos Aires, anduvo por el Abasto y murió en una suerte de casa comunitaria en la calle Alsina, pleno barrio de San Telmo.

Miope y sin anteojos (ni lentes) en una ciudad borrosa que no le era familiar, se erigió en un prototipo de extranjero que ve (que nos ve) de manera diferente.

Con Luca aprendimos a leer con ironía la frase "disco es cultura" impresa en las tapas de los discos; por Luca deletreamos con simpática extrañeza los nombres de ciudades como Chivilcoy (con idéntico asombro, en homenaje a una calle porteña, Gombrowicz le puso Bacacay a un libro de cuentos); de Luca leímos que "los argentinos, cuando cocinan, le ponen orégano a todo". En cuanto a su arte, nada más exacto que la metáfora del murciélago que ve (o que es visto) al revés. "Yo estoy al derecho, dado vuelta estás vos".


Ruptura y sentido

Sería injusto afirmar que Sumo fue la única banda que rompió con lo previo. Lo indicado es poner a Prodan y compañía en el marco del underground surgido a fines de la última dictadura.

Con Los Twist, compartía cierto desparpajo y antisolemnidad. Con Horacio Fontova (compañero de actuaciones en esos tiempos), Prodan compartía la falta de miedo al ridículo. Pero en Sumo había, además, una alta cuota de pathos. Y esta mezcla (la emoción de Heroína, el sarcástico jolgorio de Noche de paz) fue única. Una mezcla parecida definió la compleja personalidad de Prodan: para unos tierno, para otros temible. En su libro La jungla del poder (1993) Roberto Pettinato cuenta cuando vio en directo, muerto Luca, una pelea de sumo: los luchadores, fuertes y fofos a la vez, le hicieron pensar en Prodan. La periodista Nora Fisch lo retrató como un "personaje paradojal": "Luca es feo, zarpado, sucio y está loco.


Un "duro"

Pero al mismo tiempo destila ternura, honestidad, lucidez. Se vuelve lindo". Prodan no sólo disfrazaba su ternura, también borraba las huellas de una cultura sólida.

A su vasta información musical, a su gusto por el cine (dos hermanos suyos trabajaron en ese ámbito), habría que añadir sus lecturasde J. G. Ballard y Aleister Crowley o de la novela En Patagonia, del viajero Bruce Chatwin, con la que tuvo que identificarse.

Cuando Luca murió (el 22 de diciembre de 1987, a los 34 años), Sumo no había perdido su alta cuota de novedad. El discurso y la actitud del grupo se habían atemperado apenas. El altisonante "¿Por qué te pelaste? Por el asco que da tu sociedad". "La rubia tarada") había dado paso al más prosaico "Me pelé por mi trabajo" (Mañana en el Abasto) aunque allí mismo, casi enseguida, Prodan alude a "la gente que me da asco".

Si hubo un proceso en los vertiginosos años de la banda, no fue el de estandarización o domesticación, y sí, en cambio, el de la inevitable (e interesante) "argentinización" de Prodan.

De las primeras canciones de Sumo, las que obtenían mayor repercusión eran aquellas escritas en castellano. En Divididos por la felicidad sólo hay dos; en Llegando los monos, tres; en Alter chabón la cuenta se eleva a cinco y, de ellas, Mañana en el Abasto merece un párrafo aparte porque es lo más lejos que llegó el proceso de porteñización. Del mismo modo que Gombrowicz supo ver la belleza de la zona de Retiro en su novela Trasatlántico, ciertos detalles de la letra de Prodan son memorables: los tomates podridos, el hombre con su botella de Resero, los bares tristes y vacíos por el inminente cierre del mercado del Abasto...

En paralelo hubo estrategias (de Prodan y del público), para que los temas en inglés no fueran inabordables. Luca tuvo la astucia de intercalar pequeñas "viñetas" en castellano: la frase "Burruchaga es un pescado" en medio de "No tan distintos" o la imprevista cita a un jingle ("Soltate con Wellapon, soltate") dentro de Heroína (sin hablar de la paradoja de un jingle de champú cantado por un pelado) son dos ejemplos. En cuanto al público, adaptó fonéticamente una letra como la de Next week hasta convertirla en Nesquick.

Así como la llegada de Prodan coincidió con un momento de transformaciones en el rock local, su muerte (más las de Miguel Abuelo y Federico Moura) marcó el fin de toda una etapa. Jóvenes sobrevivientes, los otros miembros de Sumo prosiguieron su carrera musical. Los graffiti con la frase "Luca vive" (o "Luca not dead") han querido menos desmentir lo inevitable que expresar lo imborrable de su paso.

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Comentarios (7)
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13:56
05.ENE.08
"Mañana en el Abasto" es el más crudo y conmovedor homenaje a un barrio tan visceralmente porteño como el Abasto. Luca supo captar la esencia de una sociedad que no era la suya, y que hizo suya (más que ningún otro rockero argentino).

Enviado por Julián Chappa

10:15
29.DIC.07
los que lo vimos en vivo(y cuando bajaba del escenario en los barzuchos donde veiamos recitales en los 80) nos dimos cuenta de la magia del tipo... si se dieron cuenta tarde es porque no lo vieron en vivo...

Enviado por elbuencarlo

12:02
27.DIC.07
Una anécdota tras de una actuación en Córdoba. Un grupo de pendejas se ponen histéricas cuando Luca tras la actuación cruza el backstage. Luca saca un panuelo. Se lo tira a una de las chicas:Tomá flaca, con eso me limpio el cano.

Enviado por Carlos

22:10
23.DIC.07
No se si la muerte de Luca marco el fin de una etapa (mas alla de la vida de el), sino por el contrario, la prolongacion de una subcultura? dentro del rock post Luca. Y si, sigue vivo en nuestros corazones.

Enviado por daniel

18:33
23.DIC.07
Luca dont dead

Enviado por paula

16:01
23.DIC.07
La mejor forma de entender a Luca...es escuchando sus canciones....Muy buena Banda...aquella...pero no nos olvidemos de lo que sigue luego de esa querida y loca banda....surgieron dos...Divididos y Las pelotas.

Enviado por ENTRERRIANO

10:16
23.DIC.07
La verdad que tanto Luca como todo su grupo de acompañantes y las pocas personas que en su momento seguian a Sumo se merecen un homenaje como este, muy lindo y emotivo

Enviado por marcelo

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