La aparición de Tutto Fellini, un doble CD que, pese a no consignar orquestas, incluye algunos de los temas fundamentales de la filmografía de Federico Fellini, es una buena excusa para referirse brevemente a Giovanni Rota Rinaldi (1911-1979), quien fue para todo el mundo Nino Rota. Autor de precoces composiciones para orquesta, de música de cámara y coral, de las óperas Ariodante (1942), Torquemada (1943), Il cappello di paglia di Firenze (1955), I due timidi (1953), La notte di un neurastenico (1960), Lo scoiattolo in gamba (1959), Aladino e la lampada magica (1968), La visita meravigliosa (1970), Napoli milionaria (1977) y de los ballets La rappresentazione di Adamo ed Eva (1957), La Strada (1965), Aci e Galatea (1971), Le Molière Imaginaire (1976) y Amor di poeta (1978), el compositor conoció a Fellini apenas terminada la Segunda Guerra.
Según el relato de Tullio Kezich, "Un día, al salir de la Lux, en Via Po, ve Federico al maestro en la parada de autobús. Le pregunta qué número está esperando y Rota le contesta; pero el que le dice no pasa por allí. Y mientras Fellini así se lo explica, el autobús en cuestión, inesperadamente, llega ". Rota, un músico culto que había estudiado en el Conservatorio de Santa Cecilia con Alfredo Casella, rápidamente comprendió cómo funcionaba la cabeza de Fellini, a quien, aparentemente, no le agradaba mucho la música. "A Rota –escribe Kezich—no le importa adaptarse al gusto de Federico por las musiquillas pegadizas y los ritmos machacones." Así, echando mano a curiosas relecturas de temas folklóricos populares, a una interpretación peculiar del jazz de la era del swing, a la música de circo y vaudevil, sin olvidar, claro, las canciones de éxito en la radio, Rota roba, plagia o adapta con toda alegría aquello que termina por resultar emblemático en Fellini. La relación laboral entre ambos hombres es similar a la que en otras latitudes emprendieron los directores Marcel Carné o Jean Renoir con Joseph Kosma, Alfred Hitchcock con Bernard Herrmann, Akira Kurosawa con Toru Takemitsu y, más cerca en el tiempo, Steven Spielberg con John Williams. Sin embargo, no se trató de un pacto excluyente. Baste mencionar que su trabajo con Fellini se limitó a un total de 16 bandas de sonido, de un total de 152, escritas para muchos otros directores; entre ellos, Renato Castellani, Luchino Visconti, Franco Zeffirelli, Mario Monicelli, Francis Ford Coppola, King Vidor, René Clément, Edward Dmytrik y Eduardo de Filippo. Con todo, en el imaginario popular Rota es "el músico" de Fellini, y tal vez no esté mal que así sea ya que la obra de uno sirve para potenciar la del otro. Dicho de otro modo, las imágenes de Fellini se completan con la partitura que Rota les asigna, así como las palabras se convierten en versos gracias a la música.