Imparable y silencioso hasta hace poco, la irrupción de las mujeres en el mundo laboral de Japón es un fenómeno que no tardó en reflejarse en un manga —historieta, dibujo animado—, el cual a su vez derivó en un éxito televisivo que es visto por millones de personas.
La cultura de Japón —y su envidiable poder adquisitivo, que no deberíamos escindir como rasgo cultural— hacen que una historieta bien aceptada sea leída o vista por cantidades ingentes de personas en ese país.
El mercado laboral, tradicionalmente dominado allí por los hombres, que hasta se habían reservado la exclusividad de practicar el harakiri sólo ellos, ha servido como hecho central para el éxito resonante de una nueva historia dibujada con el arte incomparable de los creadores nipones.
Y son las tensiones que surgen en ese mercado laboral por la irrupción de las mujeres lo que confiere especial atractivo a la historia. Dulces, sumisas y serviciales históricamente —eso nos han hecho creer casi siempre las películas—, las chicas niponas han ido pateando el tablero discretamente desde el fin de la Segunda Guerra y hoy disputan de igual a igual lugares de trabajo que los varones no parecen muy dispuestos a ceder.
Así fue surgiendo el arquetipo de la "office lady", encantadoramente femenina y dueña de maneras exquisitas. Pero ese modelo aún cercano a la subordinación tradicional ha venido resultando opresivo y por eso Hiroko Matsukata, la protagonista del manga, ha adquirido tanta popularidad al salirse de él.
¿En qué trabajás?
Fumadora empedernida, Hiroko es joven, informal y con frecuencia tira por la ventana los moditos delicados que le enseñó su país para hacerse valer en su trabajo. Lo suyo es el periodismo. Sueña con tener alguna vez su revista propia. Hasta el novio —¿cómo no?— compite con ella. Y lo cierto es que le va menos bien a él.
Si espiáramos la mochilita de Hiroko encontraríamos allí un diario, cigarrillos, el celular, grabador digital, un paquete de shushi, una bebida energética, un peine, espejo y un pequeño kit de maquillaje (¿dónde pondrá los anticonceptivos?).
El contradictorio nombre de la historieta original es Hataraki Man (Hombre trabajador). Está claro que en gran parte, más allá de los valores intrínsecos de la realización, el éxito de la historia se apoya en que no utiliza el ambiente laboral como mero telón de fondo de romances de culebrón sino que encara de frente los conflictos adicionales de la mujer en relación con su carrera profesional.
Siguiendo una mecánica habitual en aquellas tierras —por no decir piedras— Hataraki Man llega finalmente a la TV como tira hecha y derecha pero luego de dos pasos previos harto frecuentes: el dibujo animado que la precedió y su nacimiento en forma de manga, género al que siempre miran los productores, ávidos de su gigantesca creatividad.
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