Sin embargo, Simone será siempre relevante por la absoluta soledad y vehemencia con la que gestó su idea cuando no había otras, por la solidez con la que religó praxis vital y pensamiento sin mediocridad en pos de esa emancipación radical que proponía con comprometida agresividad. Fue la primera en hurgar la llaga de algo que ni siquiera ella misma vislumbraba: la crisis de las certezas positivistas.
Su dictum "mujer no se nace, se hace", le dio pasto a las mentes principales de la filosofía contemporánea para que hoy podamos liberarnos de la biología como tumba y destino ante esa falacia reiterada llamada "sexo natural", al cual sólo podemos acércanos mediante el brazo armado de la cultura dominante, la lengua. Gracias a esa frase, tan simple hoy que hasta parece tonta, somos capaces de (des)hacernos desde dentro para no pensarnos maniqueamente como simples víctimas, y crear, con nueva iniciativa de discurso, otra cultura, fundada en placeres anti-hegemónicos, anti-patriarcales, anti-heteronormativos. Con su filosofía de libertad y resistencia, su pasión revulsiva, su violenta voz abrió el tajo trans, sin siquiera saberlo. Su mejor distinción es la crítica encarnada en sus sucesoras más rebeldes: Butler, Wittig, Preciado, de Lauretis, entre muchas otras.
El homenaje que vale hoy es continuar leyéndola y discutiéndola con fuerza y sin temor a dejar de ser lo que hasta ahora fue "mujer".
* La autora es especialista en literatura clásica
Enviado por Gloria Levy