En este sentido, resulta sorprendente que sea Julia Kristeva, una posestructuralista avant la lettre, quien preside el Coloquio Internacional dedicado a Beauvoir, cuando desde los años ochenta se ha manifestado incómoda con respecto a su racionalismo, a su distancia evidente con las vanguardias estéticas como espacios de inspiración teórico-militante o a su desdén por el psicoanálisis como dimensión determinante de la subjetividad.
Aunque en alguna ocasión expresara que El segundo sexo representó para ella, como para mucha gente, una inolvidable lección de dignidad femenina. Colocaciones divergentes que fueron fijando algunas de las posiciones del movimiento y la teoría feministas ya sea alrededor de las ideas de la igualdad entre hombres y mujeres que sostenía el proyecto emancipatorio y existencialista de Beauvoir o se alineaban en las huestes de la diferencia que Kristeva compartía con otros nombres como el de Luce Irigaray, Antoinette Fouqué o Helene Cixous. En ese lugar donde se reconocía el escándalo de un pensamiento, la embestida conceptual que obligaba a pensar de otra manera y la ambición de un proyecto intelectual integrador, comenzaban también los términos de las diferencias que marcarían las polémicas posteriores y que con el correr de las décadas fueron atacando diferentes flancos de su edificio conceptual. En muchos casos para hacerla objeto de diversos matricidios como expresó la filósofa española Celia Amorós.
El segundo sexo es un libro voluminoso, impacta en él la impronta de un desafío que no se abandona: dar cuenta de la historia de la condición femenina como la construcción del lugar del otro, acudiendo y demostrando sin cesar la crítica a los argumentos biologistas y naturalistas con los que las sociedades sustentaron la inferioridad de las mujeres hasta zanjar de manera lúcida y rigurosa que "no se nace mujer sino que llega una a serlo". El aporte en este punto no tiene retroceso y todas las críticas posteriores no pudieron sino recostarse sobre esta certeza teórica. Beauvoir recorre las religiones, los mitos, la historia, la antropología pero también el psicoanálisis y el materialismo histórico con una erudición que hoy en día resulta admirable. No hay figura femenina que se resista a una actualización de los relatos que fijaron a la mujer a una única modalidad dominante (la madre, la esposa, la vírgen, la prostituta, la mística, la lesbiana). No hay espacio del saber sobre los que no ejerza una mirada crítica y, por sobre todo, creativa. Acude tanto a un ajuste de cuentas con los nombres de la tradición filosófica, al análisis de códigos y leyes como a encuestas, anécdotas de la vida cotidiana o de la cultura popular y especialmente a la literatura. Un terreno que ella misma transitó con éxito. Escribió novelas, memorias, ensayos atreviéndose también por los corredores ficcionales de un yo femenino. Así exploró el carácter cambiante que adoptó el llegar a ser mujer, los hitos de su proceso histórico, las intersecciones donde una situación se revela en sus múltiples condicionamientos (económicos, sociales, históricos) y también las salidas que la liberación ofrece. Por eso, dice Beauvoir, son ociosas todas las comparaciones que se esfuerzan en decidir si la mujer es superior, inferior o igual al hombre porque sus respectivas situaciones son profundamente diferentes. El hombre tiene más posibilidades concretas de proyectar su libertad; a la mujer no le queda otra salida que luchar por su liberación que sólo puede ser colectiva y precisa principalmente de un cambio de las condiciones económicas.
Los datos sociales que ofrece el comienzo de este milenio: feminicidios, explotación y trata de niñas para la prostitución, flujos migratorios determinados por la pobreza más extrema sin duda solicitan una nueva lectura de El segundo sexo. Un libro que abrió las vías de los debates posteriores y sus actuales derivas, las que hoy dan sustento a la idea de que verdaderamente transitamos como dijo Kristeva ¨tiempos de mujeres¨. Tiempos lineales o discontinuos, pero de intervenciones, militancias y escrituras múltiples y arriesgadas.
*La autora es Investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la UBA.