Sarlo Básico
Tras salvar la vida al cabo de una intensa militancia política se dedicó a la enseñanza de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es referente intelectual de primer nivel en Argentina y Brasil. Dictó cursos en diversas universidades extranjeras, entre otras las de Columbia, Berkeley y Cambridge. Dirige desde hace décadas la revista
Punto de vista y sus libros y artículos han sido traducidos a diversos idiomas. Autora de una ensayística notable, entre sus obras pueden destacarse distintos e innovadores trabajos sobre Borges y sus estudios sobre la posmodernidad. Algunas de sus publicaciones:
El imperio de los sentimientos (1985),
Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930 (1988),
La imaginación técnica (1992),
Escenas de la vida posmoderna. Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina (1994),
Tiempo pasado (2005),
Tiempo presente (2006),
Escritos sobre literatura argentina (2007).
Así escribe
Fragmentos de Borges, la lingua franca (de Borges, un escritor en las orillas. Buenos Aires, Ariel, 1995).
Borges es un escritor que hoy se considera 'universal' y que ha perdido su nacionalidad: él es más fuerte que la literatura argentina, y más sugestivo que la tradición cultural a la que pertenece. Si Balzac o Baudelaire, si Dickens o Jane Austen parecen inseparables de algo que se denomina 'literatura francesa' o 'literatura inglesa', Borges en cambio navega en la corriente universalista de la 'literatura occidental'. Como están las cosas, la imagen de Borges es más potente que la de la literatura argentina, por lo menos desde una perspectiva europea. Desde Europa Borges puede ser leído sin una remisión a la región periférica donde escribió toda su obra. Se obtiene de este modo un Borges que se explica en la cultura occidental y las versiones que esta cultura tiene de Oriente, prescindiendo de un Borges que también se explica en la cultura argentina y, especialmente, en la formación rioplatense. La reputación de Borges en el mundo lo ha purgado de nacionalidad. Leer a Borges como un escritor sin nacionalidad, un grande entre los grandes, es, por un lado, un impecable acto de justicia estética: se descubren en él las preocupaciones, las preguntas, los mitos que, en Occidente, consideramos universales.
...
En Borges, el cosmopolitismo es la condición que hace posible inventar una estrategia para la literatura argentina; inversamente, el reordenamiento de las tradiciones culturales nacionales lo habilita para cortar, elegir y recorrer desprejuiciadamente las literaturas extranjeras, en cuyo espacio se maneja con la soltura de un marginal que hace libre uso de todas las culturas. Al reinventar una tradición nacional Borges también propone una lectura sesgada de las literaturas occidentales. Desde la periferia, imagina una relación no dependiente respecto de la literatura extranjera, y está en condiciones de descubrir el 'tono' rioplatense porque no se siente un extraño entre los libros ingleses y franceses. Desde un margen, Borges logra que su literatura dialogue de igual a igual con la literatura occidental. Hace del margen una estética. Si la literatura de Borges tiene una cualidad indudable y particular, quizás deba buscársela en el conflicto que perturba la severa articulación de sus argumentos y la superficie perfecta de su escritura. Colocado en los límites (entre géneros literarios, entre lenguas, entre culturas), Borges es el escritor de "las orillas", un marginal en el centro, un cosmopolita en los márgenes. Alguien que confía, a la potencia del procedimiento y la voluntad de forma, las dudas nunca clausuradas sobre la dimensión filosófica y moral de nuestras vidas; alguien que, paradójicamente, construye su originalidad en la afirmación de la cita, de la copia, de la rescritura de textos ajenos, porque piensa, desde un principio, en la fundación de la escritura desde la lectura, y desconfía, desde un principio, de la posibilidad de representación literaria de lo real.