Revista de Cultura
Martes 04 Mar
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BEATRIZ SARLO

"El problema interesante es qué 'yo' construye la literatura."

Con un eje recurrente que alude a la literatura del yo, la autora de La pasión y la excepción se refiere a numerosos temas que van de la ansiedad periodística al objetivismo, pasando por los debates que no tiene sentido forzar. Habla de Piglia, de autores demasiado leídos y de otros que pocos lectores llegan a transitar en medio de las presiones del mercado.

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Prácticamente la totalidad de la entrevista que Ñ le hizo a Beatriz Sarlo el caluroso martes pasado se registró en video. En cada uno de esos fragmentos grabados que forman parte de esta nota se puede apreciar la autoridad, surgida de un conocimiento profundo, apuntalado por años de investigación y análisis cultural serio, con que Sarlo circula por los diferentes temas abordados.

La ensayista se refirió a novelas de Alan Pauls, Sergio Bizzio y Daniel Guebel, a Ricardo Piglia y su Respiración artificial y criticó que el periodismo cultural pareciese ir, fundamentalmente, sólo detrás de lo que ha ocurrido en los últimos quince días.

Habló de otros autores, precisó por qué algunos de ellos están condenados a tener escasos lectores y recordó que los debates trascendentes en casi cualquier rama de la creación artística o literaria se dan muy espaciados y en su momento, no forzados por una decisión externa.

En los comentarios y las opiniones de Sarlo se cuelan muestras permanentes de su visión aguda y su sentido crítico inclaudicable, de un modelo de pensamiento esclarecedor que lleva su nítido sello personal, de un análisis de los hechos que revela filos imprevistos o los crea donde hace falta que estén.

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Comentarios (3)
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08:52
18.MAR.08
Será cajetilla, canónica pero la tiene clara...me gusta la Sarlo

Enviado por Betina

23:10
10.MAR.08
Bueno, si es por eso, Jorge Asís se adelantó a Fernando Peña en eso de construir un universo artístico interpretando un cúmulo de personajes que actúan como alter egos suyos al mismo tiempo.

Enviado por Nicolás E. Korzan

20:44
09.MAR.08
Sarlo olvida que Bizzio publicò mucho antes que Pauls "El divino convertible" contando cosas de su vida y cuyo protagonista ademàs se llamaba "Bizzio". Y no sòlo antes que Pauls, tambièn antes de que Aira escribiera con "Aira" como personaje.

Enviado por Edgardo Rocca

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Sarlo Básico
Tras salvar la vida al cabo de una intensa militancia política se dedicó a la enseñanza de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es referente intelectual de primer nivel en Argentina y Brasil. Dictó cursos en diversas universidades extranjeras, entre otras las de Columbia, Berkeley y Cambridge. Dirige desde hace décadas la revista Punto de vista y sus libros y artículos han sido traducidos a diversos idiomas. Autora de una ensayística notable, entre sus obras pueden destacarse distintos e innovadores trabajos sobre Borges y sus estudios sobre la posmodernidad. Algunas de sus publicaciones: El imperio de los sentimientos (1985), Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930 (1988), La imaginación técnica (1992), Escenas de la vida posmoderna. Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina (1994), Tiempo pasado (2005), Tiempo presente (2006), Escritos sobre literatura argentina (2007).
Así escribe
Fragmentos de Borges, la lingua franca (de Borges, un escritor en las orillas. Buenos Aires, Ariel, 1995).

Borges es un escritor que hoy se considera 'universal' y que ha perdido su nacionalidad: él es más fuerte que la literatura argentina, y más sugestivo que la tradición cultural a la que pertenece. Si Balzac o Baudelaire, si Dickens o Jane Austen parecen inseparables de algo que se denomina 'literatura francesa' o 'literatura inglesa', Borges en cambio navega en la corriente universalista de la 'literatura occidental'. Como están las cosas, la imagen de Borges es más potente que la de la literatura argentina, por lo menos desde una perspectiva europea. Desde Europa Borges puede ser leído sin una remisión a la región periférica donde escribió toda su obra. Se obtiene de este modo un Borges que se explica en la cultura occidental y las versiones que esta cultura tiene de Oriente, prescindiendo de un Borges que también se explica en la cultura argentina y, especialmente, en la formación rioplatense. La reputación de Borges en el mundo lo ha purgado de nacionalidad. Leer a Borges como un escritor sin nacionalidad, un grande entre los grandes, es, por un lado, un impecable acto de justicia estética: se descubren en él las preocupaciones, las preguntas, los mitos que, en Occidente, consideramos universales.
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En Borges, el cosmopolitismo es la condición que hace posible inventar una estrategia para la literatura argentina; inversamente, el reordenamiento de las tradiciones culturales nacionales lo habilita para cortar, elegir y recorrer desprejuiciadamente las literaturas extranjeras, en cuyo espacio se maneja con la soltura de un marginal que hace libre uso de todas las culturas. Al reinventar una tradición nacional Borges también propone una lectura sesgada de las literaturas occidentales. Desde la periferia, imagina una relación no dependiente respecto de la literatura extranjera, y está en condiciones de descubrir el 'tono' rioplatense porque no se siente un extraño entre los libros ingleses y franceses. Desde un margen, Borges logra que su literatura dialogue de igual a igual con la literatura occidental. Hace del margen una estética. Si la literatura de Borges tiene una cualidad indudable y particular, quizás deba buscársela en el conflicto que perturba la severa articulación de sus argumentos y la superficie perfecta de su escritura. Colocado en los límites (entre géneros literarios, entre lenguas, entre culturas), Borges es el escritor de "las orillas", un marginal en el centro, un cosmopolita en los márgenes. Alguien que confía, a la potencia del procedimiento y la voluntad de forma, las dudas nunca clausuradas sobre la dimensión filosófica y moral de nuestras vidas; alguien que, paradójicamente, construye su originalidad en la afirmación de la cita, de la copia, de la rescritura de textos ajenos, porque piensa, desde un principio, en la fundación de la escritura desde la lectura, y desconfía, desde un principio, de la posibilidad de representación literaria de lo real.