Calor húmedo, agobiante, insoportable. Se termina febrero y la peregrinación hacia los puestos de trabajo sólo es menos dolorosa porque es viernes. Para romper con la postal cotidiana, más de una treintena de hombres y mujeres –jóvenes, la mayoría-, todos ellos uniformados, deambulan como pueden por los pasillos de los vagones acosados por un pequeño séquito de periodistas y desplegando, al mismo tiempo, cinco pancartas que encajarían mejor en cualquier manifestación que en un medio de transporte. A los que no sostienen los carteles, les sobran las manos para repartir folletos a los pasajeros.
Pasajeros devenidos en público ocasional que de cualquier manera no entienden. Entonces, uno, anónimo, pregunta, inimputable: "¿de qué religión son?"
John Hitchcock, artista gráfico y profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison y responsable de la intervención urbana Objetivos Móviles, estalla en una carcajada. "Me encantan esas confusiones. No decimos de qué se trata, porque en el arte opera una comunicación visual. Puede significar lo que el espectador quiera".
Sin embargo, la mayoría de las piezas gráficas impresas por 50 artistas de todo el continente americano tienen contenido político. El título de la puesta extraído de la jerga militar pretende reflejar la imposibilidad de frenar o destruir una expresión política y artística cuando está en movimiento.
Una puesta similar, con el mismo concepto fue organizada por el propio Hitchcock para unir las localidades de Poznan en Polonia, con Berlín en Alemania. Aquella vez participaron 100 artistas de todo el mundo que se encontraban en el congreso Impact que reúne a artistas gráficos de todas las latitudes.
Para la edición local que surgió de una idea conjunta de Hitchcock y Alicia Candiani, directora del Proyecto'ace, el primer centro internacional de residencias artísticas en artes visuales del país, el objetivo inicial fue unir a este emprendimiento único en Argentina con el modesto Centro de Edición Grafíca de Litografía Sáenz Peña.
El aporte económico y el permiso de Metrovías, concesionaria del Ferrocarril Urquiza también fueron determinantes. Sin embargo, y pese al entusiasmo inicial y posterior, Candiani y compañía debieron acomodar la propuesta a la legislación vigente, puesto que su idea original de plottear las ventanas del tren con impresiones gráficas no está permitido por cuestiones de seguridad.
La realidad indica que el arte público es casi nulo en Argentina. Las autoridades no contemplan ni facilitan las inquietudes de los nuevos creadores por modificar el entorno y cierran así, sin la menor esperanza, un potencial debate. "En el arte público el artista se apropia del sistema comercial, pero lo usa para un fin radicalmente diferente. Se trata de una acción artística que utiliza los mismos canales, pero con distintos fines. En él participa un espectador circunstancial, al que tal vez no le interesa el arte y que de repente tiene una experiencia que no fue a buscar, si no que le sucede. Es muy interesante, porque además contribuye a eliminar el ruido visual de la ciudad", señala Candiani en lo que parece ser el primer argumento de un profundo y necesario debate.
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Enviado por Ariel Corbat