El nombre de "Jack el Destripador" es, sin duda, uno de los más famosos en la historia universal del crimen. Nunca pudo probarse del todo quién era, nunca lograron encontrarlo y su identidad sigue siendo un misterio hasta el día de hoy, en un caso que continúa despertando la curiosidad de los investigadores contemporáneos, de la literatura de ficción y los historiadores del tema. Entre los años 1888 y 1891, atemorizó a los vecinos del London's East End y, poco a poco, con ayuda de la prensa, sus homicidios comenzaron a hacerse famosos.
Bajo el título de "Jack the ripper and the East End", el Museo de los Docklands inaugurará el próximo 15 de mayo una muestra con objetos personales de las prostitutas asesinadas, fotografías, cartas (incluso la que dieron origen al pseudónimo del asesino) y documentos sobre el famoso homicida de prostitutas de Whitechapel, 120 años después de cometidos los crímenes. "Los visitantes podrán entrar en el mundo en el que se produjeron los asesinatos y extraer sus propias conclusiones", apuntó Julia Hoffband, curadora de la exposición.
El tiempo llevó a que el misterio fuera convirtiéndose en un mito, e incluso la lista de víctimas adjudicada al destripador sobrepasó la realidad. Pero el tiempo, en lugar de hacerlo desaparecer de la memoria colectiva, hizo crecer el interés por él. La verdad sigue oscurecida y sobre el caso se escribieron infinitas páginas; incluso, el paso entre la realidad y la ficción provocó una distorsión de lo ocurrido. Pero hay algo cierto y es que ni siquiera la Policía que investigaba los crímenes, la mejor del mundo en ese entonces, pudo hallar al asesino.
Hubo muchos sospechosos, en las historias de ficción muchos más que los que hubo en la realidad. Scotland Yard, en la actualidad, menciona a al menos cuatro: Kosminski, un judío polaco que vivía en Whitechapel, el barrio donde se cometieron varios de los asesinatos; Montague John Druitt, un abogado y maestro de escuela que suicidó en 1888, a los 31 años; Michael Ostrog, un ladrón y estafador nacido en Rusia que fue detenido en varias ocasiones; y el doctor Francis J. Tumblety, de 56 años, un curandero estadounidense.
Los tres primeros aparecen mencionados en un informe policial de febrero de 1894, aunque no había suficientes evidencias para considerarlos sospechosos de la serie de crímenes. El cuarto, aparece citado por un alto jefe policial de entonces, el ex jefe de detectives John George Littlechild, en una carta escrita en 1913 a un periodista que trató el tema. Pero lo cierto, es que no había pruebas de peso contra ninguno de los cuatro. Así, el misterio siguió creciendo, se instaló y hoy día continúa alimentando la curiosidad de todo investigador.
Pero, si en esos años la Policía británica no logró dar con el temible asesino, ¿qué lleva a los investigadores modernos a seguir intentado identificarlo? La Policía londinense destaca que los crímenes del destripador y de Whitechapel no son necesariamente una misma cosa. En Whitechapel se contabilizaron al menos once homicidios entre 1888 y 1891, algunos adjudicados a Jack. Nichols, Chapman, Stride, Eddowes, Kelly, McKenzie y Coles fueron degolladas. Todas ellas, salvo Stride y Mylett, sufrieron mutilaciones.
En los casos de Chapman y Eddowes, los úteros desaparecieron con el asesino. Y en el de Kelly, de manera sugestiva, el homicida se llevó el corazón. El asesino era demasiado para la división policial de Whitechapel, encabezada entonces por el detective inspector Edmund Reid. Scotland Yard, tras el crimen de Nichols, mandó refuerzos para apoyar la investigación del caso y reforzar la vigilancia en las calles. Pero ninguno de los homicidios fue esclarecido.
De todas maneras, la lista de víctimas del destripador incluiría solo a cinco, posiblemente seis mujeres, según especialistas: Nichols, Chapman, Stride, Eddowes, Kelly y Tabram. El resto de los homicidios, siempre según la policía londinense, no fueron cometidos por el mismo asesino. El apodo del homicida aparece al final de una carta fechada el 25 de setiembre de 1888 y recibida por la Policía cuatro días después. La misiva daba presuntos detalles de los crímenes y rápidamente, dada a conocer, despertó la imaginación popular.
¿Qué decía en su carta?
Los dos homicidios del 30 de septiembre de 1888 le otorgaron a la carta algo de veracidad. Pero los historiadores modernos todavía discuten sobre su estatus y la de otra enviada el primero de octubre, en la cual el desconocido se refiere a él mismo como "saucy Jacky..." y firma "Jack the Ripper". Luego del homicidio de Eddowes, la Policía hallo rastros de sangre en el delantal de la víctima. El asesino había escrito también una leyenda con una tiza.
"The Juwes are The men that Will not be Blamed for nothing". Se interpretó que Juwes era una versión incorrecta de Jews (judíos). Una traducción podría ser, "Los judíos son los hombres que no serán culpados de nada". ¿Un mensaje del asesino? Las opiniones también están divididas. En 1896, ya con otros investigadores al frente del caso, la Policía recibió una nueva carta firmada por Jack. Temían por una nueva seguidilla de homicidios, pero no fue así.
Fuente: THE GUARDIAN
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