En una entrevista, que será emitida en mayo por el canal británico More4 y que fue adelantada ayer por el diario indio The Telegraph, de Calcuta, el escritor anglo-indio Salman Rusdie confiesa que cuando en 1990 declaró haber vuelto al islam sólo pretendía reducir el riesgo de sufrir ataques musulmanes.
Rushdie aseguró, además, que en aquellos momentos "estaba más trastornado que nunca por tener que vivir bajo tanta presión", llegando incluso a plantearse el sentido de seguir escribiendo. Dijo haberse sentido mal al momento de hacer unas declaraciones que iban totalmente en contra de sus principios. "Mis amigos se enfadaron, lo que me importó bastante más que la opinión del mundo musulmán sobre mi obra", dijo el escritor.
Todo empezó en 1989, año en que Rushdie publicaba la que sería la más controvertida de sus obras, Los Versos Satánicos. Un año después, una condena a muerte lanzada por el ayatollah Jomeini, máximo dirigente de Irán en aquellos momentos, empezaría a pesar sobre su cabeza. Su delito había sido de irreverencia ante el islam: la novela era condenada por su supuesto contenido blasfemo y por tratar de forma irrespetuosa al profeta Mahoma.
Se lo acusaba, además, de apostasía, lo que según las leyes islámicas se castiga con la muerte. Se ofrecieron tres millones de dólares por su cabeza. El libro fue prohibido en la India, Pakistán, Sudáfrica y un sinfín de países más, fue quemado en las calles del Reino Unido e hizo que Rushdie empezase una vida en las sombras, protegido por las fuerzas de seguridad inglesas. Desde las páginas de la novela, el escritor afirmaba no creer en el islam. La condena de Jomeini se extendía no sólo al escritor sino a cualquiera que participara en la publicación del libro.
En 1990, Rushdie publicó un ensayo titulado De buena fe, del que ahora se retracta, donde afirmaba su respeto por el islam. Entonces, Rushdie hizo, además, declaraciones públicas donde aseguraba que su libro no insultaba al islam y declaraba tanto su adhesión a la fe islámica como su compromiso para contribuir al mejor entendimiento del credo. El esfuerzo no fue suficiente: los fundamentalistas musulmanes siguieron considerando válido el edicto emitido por el entonces ya fallecido ayatollah Jomeini.
En 1997, la recompensa por su cabeza fue doblada. Pero al año siguiente el gobierno iraní, en el marco de un acuerdo entre Irán y el Reino Unido para normalizar las relaciones, se comprometió públicamente a no buscar la ejecución del escritor.
Rushdie, el hombre que hace años declaró no haber estado preocupado por la religión hasta que ésta empezó a perseguirle, vuelve a pronunciarse al respecto. Esta vez dejando atrás sus propios fantasmas y con el compromiso de honrar la verdad.