Osvaldo Aguirre y su personaje Gustavo Germán González son bastante parecidos. Los dos fueron grandes cronistas policiales. El primero se desempeñó durante 1993 y 2004 en la sección del diario rosarino La Capital. GGG, en cambio, fue el periodista estrella del emblemático diario "Crítica" de la familia Botana.
Tanto Aguirre como GGG están convencidos de que "las grandes historias policiales sirven para conocer el lugar donde uno vive y las personas con las que uno trata". Tanta afinidad no podía quedar en el tintero o en la cabeza de este paciente investigador rosarino. Por eso, cuando Juan Sasturain lo convocó para que participara del resurgimiento de la novela negra argentina, el autor de La conexión latina no dudó y decidió rescatar del olvido del tiempo a un periodista sin escrúpulos y retratar al mismo tiempo el mundo lumpen e hipócrita de la década infame y del mítico diario "Crítica".
−¿Dada la libertad que tenías para elegir el marco de la novela, qué fue lo que te incitó a retratar el mundo de Los indeseables?
−Yo tenía bastante presente a Gustavo Germán González y a la época en la que transcurre la novela por un libro mío anterior, Investigación de historia criminal. Esa época me atrae mucho porque está cargada de conflictos y de personajes muy interesantes.
−¿Qué tiene de particular el protagonista de Los indeseables?
− La figura de GGG lo había leído y me había llamado mucho la atención su estatura mítica. Me interesaba mucho su visión descarnada del periodismo. Si uno lo lee, ve que hacía cosas que hoy serían censuradas en términos éticos, como sacar presos de la cárcel, para hacerse unos pesos. Su falta de escrúpulos y su culto de la primicia lo llevaban a hacer cosas que serían muy censuradas hoy. Lo investigué por sus propios libro Las crónicas del hampa porteño y otras fueron las memorias de algunos periodistas de Crítica, sobre todo la de Roberto Talice, 100 mil ejemplares por hora, un documento extraordinario sobre el diario de Botana.
Nada está librado al azar en Los indeseables. Desde la pugna entre "Crítica" y "Última hora", hasta los crímenes citados y los concursos de "mujeres feas" que organizaba el diario de Botana, todo pasa por el prisma investigador de Aguirre. "Hasta en los detalles menores hay documentación. Siempre pensé que toda esa carga histórica no tenía que ser un freno para la novela, sino que precisamente era lo que tenía que habilitar la ficción", revela Aguirre –celular en mano- mientras camina por el Retiro.
−La tuya es la novela con más marcas de género de esta primera serie de Negro Absoluto...
− Sí, porque a la vez soy un cultor del género negro. Me gusta el policial norteamericano de Jim Thompson, de David Goovis, toda esa línea violenta y delirante del policial negro. Se ve en lo que tiene que ver con ciertos modos de producción del relato, con la importancia que tienen los diálogos.
−¿Y dentro de la tradición argentina cuáles fueron tus referentes para esta novela?
El modelo que tuve más presente no fue una novela sino un comic: Evaristo, de Carlos Sampayo y Francisco Solano López, que cuenta la historia del comisario Evaristo Meneses. Creo que es una de las mejores expresiones del género negro en Argentina y ellos trabajaron –igual que yo con GGG- con un personaje real e histórico como Meneses.
−La denuncia típica de la novela negra está presente en el cuadro de situación de la clase dirigente de la década infame...
Es la época del primer golpe militar, de fuerte represión, de corrupción: elementos explosivos en su combinación. A principios del 30 el fenómeno de la criminalidad tiene formas muy violentas, son épocas en las que se forman grandes bandas, en las que hay criminalidad organizada como las mafias de la prostitución y mafiosos sicilianos que van a aparecer en la segunda novela.
Con "la segunda novela" Aguirre se refiere a la próxima entrega para Negro Absoluto, pautada en principio para noviembre próximo y que Aguirre, admite, tendrá vinculaciones con el mundo del tango. Los crímenes, dice Aguirre, son otra forma de conocer las sociedades. Señala además que los casos policiales son como cajas de resonancia de una sociedad. Y agrega que algunos incluso funcionaban como los antiguos mitos, como el del petiso orejudo o el loco Prieto. Casos que nunca desaparecen de la crónica policial, que siempre vuelven. "Siempre me pregunto por qué ocurre eso y creo que esos personajes que están siempre al límite, siempre nos atraen por motivos enigmáticos y oscuros, pero son al mismo tiempo un desafío para conocer más y contar la historia", termina Aguirre, aunque este sea sólo el principio de la historia recobrada de GGG.