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El arte expande la mente y sirve para estudiarla según un científico alemán

"Una de las principales y más antiguas funciones del arte es la de estimular y expandir la función cerebral para adquirir conocimientos", señaló este miércoles el neurobiólogo y fundador de la neuroestética, Semir Seki, en un artículo publicado en la prensa alemana.

El científico radicado en Londres reconoce de todos modos que la idea de que el pensamiento filosófico y el arte amplían las capacidades mentales no es nueva: "Platón, Kant y Schopenhauer entre otros lo pensaron y dejaron abundantes testimonios en sus escritos", precisó. Esta convicción fue la que lo llevó, hace más de 10 años, a fundar la neuroestética, rama de la neurobiología que recurre a la obra de artistas y pensadores para explorar el cerebro humano, según explica el científico en un artículo que publica este miércoles el periódico alemán "Frankfurter Allgemeine".

Según el científico, hasta ahora las ciencias naturales y especialmente la neurobiología no utilizaron todavía los conocimientos del pensamiento y el arte porque entre sus criterios de validez está la cuantificación de los fenómenos, algo que no era concebible ante expresiones como: "Esa pintura me resulta conmovedora". Con los criterios de la neurobiología tradicional es poco lo que puede saberse sobre las pasiones arrolladoras que mueven a las personas a cometer acciones heroicas o terribles.

Sin embargo, los debates de los últimos dos mil años que se encuentran en los clásicos de la literatura y la filosofía, así como las grandes obras de arte de la pintura, la escultura y la música, ofrecen muchos elementos en este sentido.

"Por primera vez, la neurobiología de hoy se acerca a las preguntas de las ciencias del pensamiento, ya que podemos no sólo constatar vivencias estéticas sino también darles un correlato cuantificable", afirma Seki.

Las ciencias del pensamiento no se impusieron limitaciones de tipo experimental-cuantificable, y especularon con libertad sobre la naturaleza de la belleza o del amor o las condiciones de posibilidad del conocimiento y sus limitaciones.

A lo anterior se suma que muchos artistas han experimentado con temas que son de gran interés neurobiológico, opina Seki, como la progresión en el arte cinético de Marcel Duchamp, Jean Tinguely y Alexander Calder. "Estos artistas fueron gradualmente incluyendo el movimiento en sus obras, para luego incluir formas y colores sobre ese fondo de movimiento", detalla el investigador.

"Si se hubieran estudiado los experimentos de los artistas cinéticos con atención, probablemente se hubiera sabido antes que al movimiento como estímulo visual le corresponde un área propia del corteza, cuyas células se activan sólo con estímulos de movimiento y no de color y forma, como se creyó erróneamente durante mucho tiempo", explica el investigador.

El estudio del amor es otro campo donde los milenios de literatura y arte tienen mucho que aportar a la neurobiología, añade, y justamente porque en cada época y lugar los sentimientos amorosos encuentran expresiones singulares.

Fuente: DPA

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