A Henry James la mansión y el paisaje le maravillaban. "No hace falta que diga lo feliz que me siento aquí, rodeado de la soledad de la naturaleza y el lujo del arte, y tratado con una benevolencia que me hace saltar las lágrimas", escribió el autor de Washington Square y Retrato de una dama.
James era un invitado habitual en The Mount, "El Monte", la mansión de la escritora neoyorquina Edith Wharton entre las colinas y los bosques de la región de los Berkshires, al norte de Nueva York. Conversaban y paseaban por los caminos de tierra en el automóvil de Wharton. En aquellos tiempos, a principios del siglo XX, era una originalidad.
Ahora la supervivencia de la mansión construida en 1902 peligra. Acosados por los acreedores, sus responsables buscan donativos a la desesperada. Si el 31 de octubre no tienen tres millones de dólares, la casa de la gran cronista de la clase alta neoyorquina será embargada y deberá cerrar.
La crisis económica en Estados Unidos ha afectado a los nombres más ilustres de las letras patrias. Como centenares de miles de ciudadanos que han perdido o están a punto de perder sus casas al no poder pagar la hipoteca, también escritores como Wharton o Mark Twain, fallecidos ya hace décadas, pueden quedarse sin casa.
Cómo se rifa el patrimonio
En Estados Unidos, las instituciones culturales se financian sobre todo con dinero privado. Con la economía al borde de la recesión, los ricos cierran el grifo. En los últimos años, casas museo como la de Wharton, en Massachusetts, o la de Mark Twain, en Hartford, la capital de Connecticut, se endeudaron sin reparar en que podían llegar las vacas flacas.
Nueva Inglaterra, región al nordeste del país que incluye los estados de Massachusetts, Connecticut y Vermont, entre otros, es seguramente la más literaria de Estados Unidos. Las casas del poeta Robert Frost en Vermont, la de la poeta Emily Dickinson en la ciudad universitaria de Amherst o la casa al borde de una carretera recóndita donde Herman Melville escribió Moby Dick son atracciones turísticas.
En una visita reciente a The Mount, el guía terminó el tour explicando a los turistas los problemas que sufre la casa museo y animándoles a dar dinero.
"Tenemos esperanza. De verdad", dijo después, en la terraza con vistas al jardín, Susan Wissler, presidenta en funciones de la organización sin ánimo de lucro propietaria de la casa museo. Wissler explicó que la deuda proviene del gasto que supone mantener abierta la casa de mayo a septiembre y de los trabajos de restauración, todavía inconclusos. También de la compra de la biblioteca original de Wharton a un coleccionista británico por dos millones y medio de dólares.
La compra fue, para algunos, un capricho. El veterano escritor neoyorquino Louis Auchincloss, uno de los epígonos de Wharton, cree que habría sido mucho más barato comprar ejemplares de las mismas ediciones en librerías de viejo, aunque no fuesen los de la escritora.
"Nadie sugiere que un museo deba comprar una réplica de la Mona Lisa, ¿verdad?", respondió Wissler. Y añadió que, gracias a la compra de la biblioteca, The Mount atrajo una atención mediática inusitada. Incluso les visitó la primera dama, Laura Bush.
La autora de La edad de la inocencia y La casa de la alegría aplicó en su mansión los preceptos que ella misma definió en el libro La decoración de las casas,donde defendía una sobriedad alejada del recargamiento victoriano.
No lejos de The Mount, en Hartford, se hallan la casas de Harriet Beecher Stowe, autora de La cabaña del tío Tom, y de Mark Twain, padre de Las aventuras de Huckleberry Finn, uno de los fundadores de la literatura norteamericana. Eran vecinos. Twain vivía en un caserón de madera oscuro, gótico, con falsos espejos y decoración recargada: la antítesis de la sobria The Mount.
También en Hartford hay problemas. "El proceso de restauración se ha parado", dijo hace unos días una guía al final de una visita a la casa museo de Twain. La construcción del centro de visitas, un edificio moderno abierto en el 2003, resultó demasiado cara y disparó la deuda. La casa museo debe 4,9 millones de dólares.
Wharton decidió vender The Mount en 1911 y pasó los últimos años de su vida en París. Twain vivió en su casa de Hartford, construida en 1874, hasta 1891. En 1903, abrumado por la deuda, tuvo que venderla. En los Estados Unidos del pinchazo inmobiliario, la historia puede estar a punto de repetirse.